lunes, 6 de septiembre de 2010

Nuestras reseñas













El colectivo

Eugenia Almeida
Edhasa, 2009

153p.


¿Que podía hacer Ponce si la realidad de ese mínimo pueblo cambiaba misteriosamente de golpe? La palabra doctor inmediatamente antepuesta a su apellido ya no era suficiente para poner orden. Hacia un año del golpe de estado en Argentina, ¿que podía hacer Ponce? De joven estudiante de derecho, destacado y con un futuro promisorio, ahora afincado en un mínimo pueblo de Córdoba a kilómetros de la capital solo por mortificar a su mujer Marta, esa niña bien que le había puesto una trampa.
En el mínimo hotel del pueblo la “pecaminosa” parejita de jóvenes que se hospeda está nerviosa, hace ya tres días que se quieren marchar y el colectivo, el único colectivo que pasa por ahí, no para. Nadie pareciera sospechar nada. La barrera del tren ya no sube, fue atada con alambre por orden del comisario. Pasan cosas extrañas, incluso para la extraña gente del lugar. Las voces no hacen más que santificar o demonizar y la honrada paz pueblerina de pronto se quiebra con los refucilos de una tormenta oscura que se ve de lejos, que se desató hace tiempo, pero que pareciera nunca llegar.

“El Colectivo” (Edhasa, 2009) de Eugenia Almeida, es una novela vertiginosa que hace algo mas que retener al lector. La alegoría gravita en cada párrafo haciendo que por momentos el pasado se confunda con el presente tanto como la ficción con la realidad. Sobre el trasfondo de la escalada de violencia y horror conducida desde el estado durante el ultimo régimen militar, a través de una narración casi sin paréntesis, la autora de a poco va urdiendo entre sellos de agua de la época un escenario de personajes grises, bosquejados en la máxima del statu quo, la modestia del “mejor no preguntar” y la tranquilidad del “algo habrán hecho”. El Colectivo también fue publicado en el exterior y su autora seleccionada ganadora del premio internacional “Dos Orillas”, celebrado en España en 2008.

El clima de esta novela es ligero, distendido, hasta irresistible. No hay secretos, una intriga motora sembrada de contrastes que la apuntalan. Contrastes como los de un lado de la vía y el otro. Como los de Ponce, su amor sentido con sordidez, como mandato, versus el ardor de la parejita joven del hotel vuelto “destino histórico” o como el parte meteorológico de la radio versus el pronostico nativo de doña Rita. Contrastes que signan el desarrollo de la obra pero se van esfumando en la sonrisa risueña de Marta y el silencio lector de su cuñada Victoria, para perderse hasta desaparecer finalmente en un destino común de sentido univoco, la sombra a la que le ladra el perro.

Manuel J. Pintos
Boutique del libro Unicenter
 
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