martes, 22 de mayo de 2012

Nuestros lectores escriben cuentos

Belén Terrón, con sus increíbles 18 años, nos envió estas maravillosas "fotografías literarias". Esta estudiante del Profesorado Universitario de Letras en la Universidad de San Martín, nos contó un poco sobre su escritura: 
"No me acuerdo cuando empecé a escribir, ahora lo hago todo el tiempo. 
Escribo poemas y cuentos cortos a los que llamo 'fotografías', ya que nacen a partir de una imagen que se me ocurre en cualquier momento, a cualquier hora; conozco el final del cuento, descubro el inicio  y el desarrollo mientras lo escribo."
 El año pasado participó en el Concurso Provincial de Poesía "Ginés García" para “Jóvenes Poetas” organizado por la Provincia de Buenos Aires donde obtuvo una mención. 
Una promesa para el futuro.

Recordamos la dirección para enviarnos sus cuentos:


Motivo: Nuestros lectores escriben cuentos

Fotografías, por Belén Terrón




Fotografía IV


Adelita da seis –como si fueran mil- pasos atrás. No deja de mirar, ni siquiera pestañea. Cada músculo, vestido de piel curtida por el sol calchaquí, se tensa. Comprende la síntesis universal de la miseria, la que la aleja ahora de su carnavalito. Adelita encarna sin saberlo la pureza que se funde con paisaje. Desde siempre el jawa runa había explotado los dos.
Advirtió su propio recurso natural nueve pasos antes. Su claridad se definía a partir de la miseria del hombre malo. Ay Adelita, agitada se acuerda de uno versos: ‘viene el diablo blanco…’  Adelita sigue caminando sin dejar de mirar. Cree que la están corrompiendo y que su deber es tragarse ese ataque entero. Doce pasos más cerca del límite de su cerrito, donde el inti recorta el cielo, ya no distingue formas. Adelita se va apagando porque la sangre que recorre las arrugas de sus manos ya no corresponde al trabajo de todas las semanas. Es sangre blanca, es sangre sucia. Se le dibuja en la cara impermeable el tajo de agua que acostumbraba a soltar nada más por su pacha. Adelita se da vuelta y da tres pasos más. Respira y el aire andino penetra y purifica. Se suelta las trenzas negras. Se acomoda la pollera que el diablo le había robado un rato. A tata se lo llevaron, lo escondieron en el corazón del urqu. Desentierra su diablo y, en un grito que salpica aguardiente, rescata a todos sus hermanos. Adelita da un paso más.


Fotografía IX 
Anda ganoso de franela y pelea. Pero sin minas en el bulo, ni falopa, ni facón la noche se le pinta compadrita y fanfarrona. -¡Qué hablás barullero! Calla al pibe de la pieza de al lado y escucha la bandola tristona por la radio y la garúa que golpea en la chapa oxidada y los zapatos lustrados para el baile que nunca va a ser acercándose a la baranda. Bocanada de angustia, farolito que se apaga. El Doque se le planta espejo y entonces se asoma de a poquito al abismo de caserones a la hora de la siesta, putas cansadas, berretines saltando la rayuela. Espera que alguien lo salve. Nada. Entonces muerde un pucho y el fósforo lo encandila sin quemar el tabaco. -'¡Ta Madre! Están húmedos... 

 Fotografía VIII 
La dueña del sol despierto es Catarina Da Seis. Se lo ganó casada con la miseria. El arroz de una semana, los condimentos de tres meses: feijoada todos los días. Catarina Da Seis recorre cada rua coleccionando esclavos del amor anónimo y el Pelourinho se le desdibuja entre la luna negrera, gastada de verla tantas noches. Ella, indigna de Amado y su cravo e canela, burguesa en su pobreza -poética para os boêmios desvelados. Catarina Da Seis recuerda: "Era sua livre hora de passeio, como gostava! De atravessar sob o sol, a marmita na mão. De andar entre as mesas, de ouvir as palavras..." y hace resonancia en su cuerpo ultrajado: "...de sentir os olhos carregados de intenções...". Las miradas deseosas que la corrompieron de a poco le empapan la cara. Se desespera, se da asco. Amanece y Catarina Da Seis se deja ser pura hasta que venga la noche.   

domingo, 29 de abril de 2012

Nuestros lectores escriben cuentos

Una nueva escritora nos ha enviado sus cuentos. Se trata de Ana Casset, una joven guionista que escribe pequeños relatos en sus escasos momentos libres. Entre guión y guión,  encuentra un ratito para hablar con su propia voz. Y suena muy bien.

Les recordamos que pueden enviar sus cuentos a: 


 Motivo: Nuestros lectores escriben cuentos

Ana Casset: Historias de 25 minutos


Tiempo en Nada

Los segundos pasan, pequeños, por medio de grandes agujas, imperceptibles y eternos, amontonándose de a muchos en  minutos.

Los minutos transitan a medio camino entre mucho y poco, entre la mirada, preludio de un beso, confirmación que todo lo no dicho está ahí y la congoja del ultimo tren partiendo. Se apelotonan en rincones iluminados y se dejan contar con largas agujas.

Las horas discurren o se sientan a esperar, ellas  prefieren espacios aireados donde poder ventilarse y dejar de existir en paz, mientras sus hermanas entran al mismo cuarto para desaparecer.

En el tiempo que se va y que está, el que viene, en las mínimas eternidades cotidianas, hay una que resuena sorda en el mundo, que es una hora en particular, con todos sus segundos  y  minutos, entera, ahí para tomarla de la mano y disfrutarla.

Esta hora se escabulle a los rincones y mientras nos esperamos muestra espejos que replican imágenes soñadas. Cuando es el turno de ella, la realidad se hace presente y sólo nos queda el hedor de frituras, comidas al paso, pesadez, presura y la mentira de saber que hay horas cortas, casi como segundos. 



Obviedad 
Le teme a la ceguera, la locura y la muerte; así anda, no viendo lo obvio, perdiendo la cordura en los cordones de las veredas y deshaciéndose en estelas de humo con cada brisa cálida.
Se pierde en el tiempo, en las miradas ajenas, en los paisajes extraños.
Así solo recuerda un amanecer de luna llena sobre un río amplio una tarde de verano al anochecer.
 Un violeta irreal la atrapa y queda sin miedo levitando, la deglute. 
La devuelve temeraria, con la vista en los pequeños detalles, adicta y vital está en los cabellos.
Gasta el tiempo, los ojos, las venas.
Ya no recuerda quién es, qué hace, qué piensa. 
Se mece sola en un amanecer de sol, mientras la luna nueva se acuesta. 

lunes, 23 de abril de 2012

23 de abril: Día Internacional del Libro




Homenaje a un gran amigo:
Gracias por traer magia a nuestras vidas

http://www.youtube.com/watch?v=fI2faQkCdys

lunes, 2 de abril de 2012

martes, 27 de marzo de 2012

¿Qué leen los autores? Alejandro Manara / Escritor

A los quince años descubrí a Borges y de la mano de él surgió mi interés por los clásicos. Cuando terminé el secundario me fui a Londres y durante varios años fui lector diurno y salía a descubrir el mundo por la noche. Lamento que sea una obviedad tener que admitir mi deslumbramiento, con diferente intensidad, ante Tolstoy, Turguenev, Chejov, Hemingway, Kerouac, Faulkner, S. Fitzgerald, Joyce y Proust. Como además estudiaba letras hispanoamericanas, volví al Quijote y también conocí a los grandes críticos como Auerbach, Praz, Norbert Elias, Steiner y Barthes, pero fue la poesía de los modernistas norte-americanos, Stevens, Williams, Cummings y Pound que me impulsó a la escritura y por culpa de Pound terminé más de un año en Tokio.

Los viajes me acercaron a los diarios y a las memorias de escritores: recordando a Borges me acerqué a Boswell, pero al Journal of the Grand Tour, después a Casanova y el Viaje a Italia de Goethe. Proust me presentó las Mémoires de Saint-Simon. En Milán descubrí  los diversos textos autobiográficos de Stendhal, donde prima su apasionamiento por Italia: los prefiero a sus novelas. Cuando circulaba por Lejano Oriente le encontré sentido a Ways of Escape y A Sort of Life de Graham Greene. Mas recientemente transité: The Japan Journals: 1947–2004 de Donald Richie y los diarios de Robert Musil.

Es curioso porque en el fondo siento que mis intereses no han cambiado mucho, sino lo que puede haber cambiado es el ángulo desde donde miro las obras que adoro. Por una novela que escribía recientemente releí episodios de batallas de Guerra y Paz para entender el alma de un hombre sometido a los disgustos de un conflicto bélico.

De la misma forma que uno se puede hacer amigos nuevos después de los 40s, también aparecen textos cautivantes: The sea de John Banville, la trilogía de Agota Kristof. The Last Samurai de Helen DeWitt, los ensayos sobre escribir biografía de Richard Holmes,
y luego The Fly-Truffler de Gustav Sobin y The Lady and the Monk de Pico Iyer.

Para la isla desierta llevaría Austerlitz de Sebald, el capítulo de la biblioteca del Ulises de Joyce, el capítulo de Madame du Chastel de Mimesis de Auerbach, los Diarios de Kafka, Le temps retrouvé de Proust, Quer pasticciaccio di via Merulana de C.E. Gadda, el Journal de Stendhal, El libro de la almohada de Sei Shonagon, Il Gattopardo de Tomasi di Lampedusa, Everything That Rises Must Converge de Flannery O'Connor, cuentos de I.B. Singer, Tales of the Hasidim de Martin Buber, Curso de Literatura Europea de Nabokov, cuentos de Isaac Babel y de Damon Runyon y Madame Bovary de Flaubert.



Biblioteca portátil

Humo, Primer Amor y Suelo Virgen de Turgueniev
En la carretera de Kerouac
Los mejores cuentos de F. Scott Fitzgerald
Dublineses y Ulises de James Joyce

Mimesis de Erich Auerbach
Después de Babel y Extraterritorial de George Steiner

Personae de Ezra Pound
Antología bilingüe de William Carlos Williams
Poemas de E.E.Cummings

Vida de Samuel Johnson de James Boswell
Viaje a Italia de J.W. Goethe
Una especie de vida y Vías de escape de Graham Greene

El mar de John Banville
Claus y Lucas de Agota Kristof
El séptimo samurai de Helen Dewitt

El zafarrancho aquel de Via Merulana de Carlo Emilio Gadda
Cuentos completos de Flannery O'Connor
Un amigo de Kafka y otros relatos y Cuentos de Isaac Bashevis Singer
Cuentos Hasídicos de Martin Buber
Caballería Roja de Isaac Babel



Biografía

Nació en Buenos Aires. Cursó estudios literarios en el King’s College, de la Universidad de Londres en donde obtuvo una licenciatura (1976). Entre 1978 y 1984, vivió en Tokio, Barcelona, Palma de Mallorca, Milán y Paris. En París lo contrató un banco que lo mandó a Buenos Aires, pero a los 22 meses abandonó para abrir Cook & Bardelli, un bistró de comida casera, cuando Buenos Aires era casi un páramo gastronómico. En aquella época colaboró con el Cronista Cultural. En 1993 ingresó al Literature Program de Duke University, que Fredric Jameson dirigía. Su tesis doctoral se ocupa de los relatos autobiográficos de los cubanos norteamericanos. En Duke enseñó una variedad de cursos de literatura y cine. Desde 2001, otra vez en Buenos Aires, da clases de literatura para extranjeros en la U. de Belgrano y en la U. T. Di Tella y se dedica a escribir ficción y traducir del inglés y del italiano, entre otros, los ensayos de Leonardo Sciascia  dedicados a Stendhal y la correspondencia de R.L. Stevenson y Henry James y la de Svevo con Joyce. Es el autor de Pasión de Fondo (Mondadori, Buenos Aires, 2006) Bebiendo Tristes, Bailando Graves  (Juan Pablos Editor, México, 1998) y Tigre Hotel (Planeta, Buenos Aires, 1993).